Reconocidos profesionales de alto nivel como Ed Whitacre, ex presidente y CEO de General Motors; Howard Schultz, CEO de Starbucks; Debra Lee, presidenta de BET Networks; Michelle Obama o la actriz Natalie Portman, han reconocido haber padecido el Síndrome del Impostor.

Este síndrome fue propuesto en 1978 por Pauline Clance y Suzane Imes para describir la alteración que produce que alguien piense que el éxito obtenido es inmerecido, no depende de él, o que ha sido solo un golpe de suerte que no se repetirá.

Aunque la persona que lo padece sea probadamente buena en lo que hace, obtenga resultados y sea reconocido por sus pares, siente que es un fraude y que en cualquier momento será descubierta. Para evitar ser “desenmascarada” realiza un sobreesfuerzo y vive llena de ansiedad y temor.

Como es de esperarse, la toxicidad de estos pensamientos puede redundar en su desempeño profesional y hasta en su salud. El miedo a ser reconocido como un impostor, en algunos casos, evita que se asuman nuevos retos, otras oportunidades laborales o que se asuman cargos más altos. También impide que disfruten de los logros obtenidos.

¿La lista de síntomas te suena familiar? Si crees que puedes estar viviendo este síndrome, estas prácticas te ayudarán a enfrentarlo: 

Permítete dudar

Recuerda que todos tenemos algo que aprender. Cuéntale tus preocupaciones a una persona de confianza, o recibe la asistencia de un coach especializado. A menudo, los cargos más altos en las empresas acarrean soledad y aislamiento del CEO. Evítalo, integrando grupos con otros profesionales que compartan tus inquietudes.

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Acepta elogios

El mejor antídoto contra los pensamientos tóxicos, que intentan menguar nuestra seguridad, será el testimonio objetivo de quienes conocen nuestro trabajo. Cuando enfrentes una situación en la que dudes de tu capacidad, revisa tus logros anteriores y presta atención a las personas que reconocen el buen nivel de tu desempeño.

Evita la búsqueda de la perfección

Un líder perfeccionista puede pecar de ser poco efectivo. Las personas que desarrollan este síndrome se rigen por estándares insostenibles. Se proponen metas imposibles de lograr y, al mismo tiempo, no se permiten fallar. Siempre están buscando un ideal y, al no conseguirlo, tienden a pensar que nada ha valido la pena. Esa dicotomía de “todo o nada” no les permite apreciar el recorrido que han hecho, ni el aprendizaje que han obtenido en el proceso.

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Reconoce que eres responsable de tu éxito

Un pensamiento habitual entre quienes padecen el síndrome del impostor es creer que los logros son frutos del azar. También hay quienes creen que, por haber partido de un contexto favorable, sus logros no tienen el mismo valor, que han tomado el “camino fácil” o han “hecho trampa”.

Todo éxito profesional o académico es fruto del esfuerzo. Todos son igual de valiosos. En estos casos, sirve hacer una lista con los logros y los fracasos obtenidos para tenerlos presentes por igual, ya que ambos nos conducen al éxito. También nos ayudará reconocer nuestras propias fortalezas y debilidades.

Sé consciente de tu singularidad

Otra práctica nociva es compararse constantemente. La persona que padece el síndrome del impostor, tiende a tener una imagen idealizada de otras personas a partir de sus logros. Entender que cada individuo es único y capaz de acertar, pero también de equivocarse, nos ayudará a apreciar más nuestros triunfos. Saber disfrutar del éxito también forma parte de ser exitoso.

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